Policiales Mendoza

A un año de la primera denuncia, angustia entre las víctimas del Próvolo

El 25 de noviembre de 2016, la vicegobernadora de Mendoza escuchó el relato escalofriante de chicos sordos violados. Por el caso, la Justicia detectó 18 abusados y 45 hechos aberrantes.
Hay 14 imputados, siete de ellos detenidos: los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho, la monja japonesa Kumiko Kosaka, tres administrativos Jorge Bordón, José Luis Ojeda y Armando Gómez; y la ex representante legal del colegio, Graciela Pascual.

"Hace un año que estamos pidiendo Justicia. Hemos sufrido durante mucho tiempo. Tenemos miedo, seguimos luchando y sabemos que Kumiko tiene prisión domiciliaria y queremos que esté presa, que esté enrejada como todos", pide otra de las víctimas.
La concentración de las familias víctimas del Próvolo, a un año de iniciada la causa, se realizó en la Plaza Independencia, frente a la Legislatura, este viernes.

Otra chica, de unos 18 años, pide expresarse, también con señas: "Nosotros decimos la verdad. Hemos sufrido demasiado. En nuestra cultura sorda, nunca vamos a mentir". El reclamo tiene que ver con los embates que recibe la causa de parte de los abogados defensores de los curas y las monjas, quienes cuestionan a los intérpretes de señas y los han denunciado porque dicen que distorsionan el relato de las víctimas".

No ha sido fácil para las familias de los alumnos del Próvolo seguir adelante. El fiscal Gustavo Stroppiana, a cargo de la investigación, revela que ha sido notificado de varios intentos de suicidios y, personalmente, ha presenciado declaraciones en el que las víctimas "lloraban de manera gutural, vomitaban y hasta se caían al piso de dolor" al recordar los abusos y maltratos. "A partir de esto es que el gobierno mendocino comenzó a implementar una asistencia con psicólogos.

Los cerca de 100 alumnos hipoacúsicos del Próvolo continuaron estudiando en distintos colegios, debido a que la Dirección de Escuelas de Mendoza clausuró el instituto católico. La adaptación a sus nuevas escuelas ha sido muy difícil. "En el Próvolo les prohibían comunicarse con señas -había un sistema obligatorio de oralidad para los sordos que significó más aislamiento-, les decían tenés que hablar, les pegaban en sus manos para que no las usaran y obligarlos a emitir sonidos", explica una mamá. Ahora los chicos deben volver a aprender a expresarse, perder el miedo y decir la verdad.
Los Andes.

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