Paraná Dura carta por el conflicto

La madre de la familia se refirió al conflicto judicial de los Etchevehere

Leonor Beatriz de Etchevehere se refirió por medio de una misiva, a las denuncias y causas judiciales iniciadas por la hija contra los integrantes de la familia. "Nos han pegado sin escuchar y sin saber", escribió. El texto completo.
Leonor de Etchevehere se refirió al conflicto familiar que tiene enfrentados judicialmente a su hija y a sus otros hermanos, e incluso a ella. Mediante una carta publicada en el diario La Nación este jueves, habló de las denuncias realizadas por su hija Dolores por supuestas estafas, vaciamiento y ocultamiento de bienes de empresas de la familia.
A finales de año pasado, la Justicia decidió un allanamiento en la casa de los Etchevehere, en el Parque Urquiza de la ciudad de Paraná.
Ante el escándalo, Leonor de Etchevehere escribió la misiva en la que cuenta, a modo de introducción, que ella y sus hijos se hicieron cargo de las compañías que dejó su esposo, tras su "intempestiva y siempre injusta y dolorosa" muerte el 6 de septiembre de 2009.
"Mis hijos respetaron obras materiales que entre mi esposo y yo creamos, pero forjaron también sus propios sueños", expresó para el periódico en donde también destaca los objetivos que intentaron mantener para el núcleo: "No olvidar, no separarnos, no romper la unidad familiar".

Cabe recordar que en la causa se investiga el supuesto delito de vaciamiento de la empresa Sociedad Anónima Entre Ríos (SAER), la editora de El Diario, en la que la familia Etchevehere, tiene el 40% del paquete accionario.
La denuncia de Dolores es contra sus hermanos Luis Miguel Etchevehere (ex presidente de la SRA), Juan Diego Etchevehere, a Arturo Sebastián Etchevehere, el cuarto hermano, y a la madre de todos ellos, Leonor María Magdalena Barbero Marcial de Etchevehere.
Dolores Etchevehere

Leonor aseguró que se revelaron situaciones que deberían haberse analizado dentro del grupo, pero "fue malamente mediatizado".
En ese sentido, sentenció: "Ha opinado gente sin rostro y desconocida para nosotros. Se ha pretendido manosear nombres y usar otros".
"Nos han pegado sin escuchar y sin saber. Como si de la agresión se pudieran forjar seres mejores", apuntó la mujer, al tiempo que subrayó sentirse "orgullosa y comprometida" con la familia.

LA CARTA COMPLETA

Suena duro. Pero fueron cincuenta años escribiendo, participando, opinando. Siempre en defensa de los principios que invariablemente hemos sostenido en la Asociación de Diarios Entrerrianos (ADDE), luego en la Asociación de Empresas Periodísticas Argentinas (ADEPA) y en el presente en la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Junto a Luis Félix Etchevehere, mi esposo, transité una historia de creaciones, pasión y trabajo. Diarios y campos. La fuerza de la palabra y la apuesta por la tierra, donde se aprende a sembrar esperanzas mirando al cielo.

En el largo camino fundamos nuevas sociedades familiares y continuamos otras por las que habían luchado ancestros durante cinco generaciones. La muerte intempestiva y siempre injusta y dolorosa se llevó a mi esposo el 6 de septiembre de 2009. Mis hijos y yo decidimos entonces asumir tres compromisos: no olvidar, no separarnos, no romper la unidad familiar. De las empresas que controlábamos, asumí la presidencia. De las que participábamos minoritariamente, integré directorios. Mis hijos respetaron obras materiales que entre mi esposo y yo creamos, pero forjaron también sus propios sueños, marcados de igual modo por el olor a tinta y a la tierra.

Luego la disidencia, seguramente fundada en errores de los que todos participamos. Cosas de familia. Un dolor que tenemos derecho a preservar en la intimidad de nuestros corazones. Un deseo profundo por resolver diferencias. Pero lo que debía analizarse, descubrirse, mediarse en el grupo familiar, fue malamente mediatizado: ha opinado gente sin rostro y desconocida para nosotros. Se ha pretendido manosear nombres y usar otros; se ha mentido y bajado al nivel de quienes zaherían y zahieren sin que nadie los hubiera llamado a una situación de familia. Ni los llamamos ni nos llamaron. A mí nadie me preguntó por la verdad de nuestra historia, sobre la cual podría haber contestado o no amparada por el derecho constitucional a defender la intimidad de mi familia.

Se nos imputaron hechos y responsabilidades que ni sucedieron ni tenemos por qué asumir. Nos han pegado sin escuchar y sin saber. Como si de la agresión se pudieran forjar seres mejores. A veces molesta la unidad y también la buena sobrevivencia de una familia antigua en este herido país. Y molesta también la voluntad firme con la que persevero por custodiar como madre y abuela a mi familia y a una muy larga historia de trabajo y realizaciones, con las que me siento comprometida y orgullosa.

No somos parte de una epopeya ni emulamos santos ni justificamos errores. Somos una familia mayoritariamente muy unida: Luis Miguel, Sebastián, Juan Diego y yo, con una maravillosa continuidad en los nietos (mis grandes amores), de quienes espero con ilusión respeto por el pasado familiar y vocación de continuar unidos hacia el futuro. Hay una Justicia que sabrá dilucidar razones y sinrazones, y si bien lo opinable es de libre expresión, estoy segura por igual de que sus límites deben estar configurados por la sacralización de la verdad, de la que no podemos evadirnos. Como decía Zahorí, mi tan recordado esposo: "Segundos, afuera".

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