Internacionales Admitieron las sospechas

Caníbales rusos: Grabaron tutoriales en internet de cocina con carne humana

La pareja detenida en Rusia, confesó haber asesinado, durante dos décadas, a 30 personas, y también, haber usado la carne de sus víctimas para hacer pasteles que luego vendían en restaurantes. Los descubrieron por perder un celular.
La policía empujó la puerta del apartamento y con la primera rendija de luz salió olor a cadáver. Dentro el panorama era macabro: enseres revueltos con basura, dos pelucas sobre la mesa, restos humanos guardados en latas de conserva en el congelador y, al menos, 19 rebanadas de piel escondidas para alguna ocasión señalada. En el barrio conocían bien a la ruidosa pareja que vivía ahí: Dimitri Baksheyev, de 35 años, y Natalia, de 42, compraban pepinillos y vino barato en la tienda de la esquina. Habían sido detenidos por la sospecha de que mataron a una mujer. Pero los investigadores luego descubrieron que podrían haberse comido a unas 30 personas desde 1999 en la ciudad rusa de Krasnodar, al sur del país. Se hacían selfies con los cuerpos desmembrados, o posaban con una hoz y un martillo. Incluso grabaron tutoriales de cocina con carne humana. Enfrentados a las pruebas, han confesado no sólo haber asesinado durante dos décadas a 30 personas, sino también haber usado la carne de sus víctimas para hacer pasteles que luego vendían en restaurantes y cafeterías de la zona. Los vecinos del barrio la recuerdan a ella poco aseada. Y a él como un hombre irascible. Pero si la Policía logró encontrarlos fue gracias a que Dimitri perdió el teléfono en el que guardaba sus crueles imágenes.
El macabro contenido del celular
Una cuadrilla de trabajadores del ayuntamiento encontró el dispositivo tirado en la acera mientras asfaltaba la calle. Fisgando en el aparato un operario halló el macabro contenido: un hombre posando junto a una cabeza arrancada, o simulando comerse una mano amputada. Le costó un minuto, con el Samsung en la mano, comprender que esas fotografías eran reales. El operario debió de tragar saliva y callar: justo al momento apareció el tal Dimitri, paseando a un perro, preguntando si habían visto su teléfono. Lo reconoció al momento como el hombre de las fotos. «Le respondió que no, que no habían visto nada, y cuando se fue le dieron el teléfono a la Policía», recuerda un vecino del barrio. «Mire lo que hay dentro y haga su trabajo», dijo el operario. «Yo no quiero saber nada».
Guardados en el congelador
La tarjeta SIM pronto delató al caníbal: en Rusia no se pueden comprar sin presentar el pasaporte. Pertenecía a Dimitri Baksheyev, nacido en 1982 y barrendero de profesión. Su domicilio se encontraba en un recinto donde nadie hubiese imaginado que podían llevarse a cabo estas orgías de sangre: la Escuela Superior de Aviación Serov. Allí él había realizado tareas de limpieza y ella había ejercido como enfermera, aunque terminaron despidiéndola por sus problemas con el vodka.
En realidad, según la prensa local, hacía tiempo que ambos habían dejado de estar ligados laboralmente a ese lugar pero seguían en la residencia de la escuela. Dentro, los agentes encontraron en una encimera siete paquetes con restos de cuerpos que, a primera vista, parecieron humanos y fragmentos de piel muerta. Los caníbales de la hoz y el martillo confesaron luego que guardaron partes de algunas de las víctimas dentro del congelador. Pensaban consumirlas más tarde.
Los videos de las recetas
La policía intentó reunir información sobre esos cadáveres. Entonces fue cuando encontraron los móviles de sus víctimas, y los vídeos de recetas: se ve una cabeza humana cocinada en un gran plato rodeado de mandarinas, con aceitunas en los ojos y un limón en la nariz. Entre los soldados de la academia la noticia ha venido acompañada de un escalofrío. Natalia les regalaba sus productos hechos con carne humana a los jóvenes reclutas que acudían a la escuela.

-Hago pasteles, toma.
-¿De qué?
-De lo que tenga a mano.
Algunos los probaron
. En otras ocasiones les vendía también pasteles a los aprendices de militares. En 2010 se propuso a sí misma como proveedora de carne en una cafetería de la ciudad, donde pidió trabajo como cocinera. La rechazaron porque no podía presentar ningún certificado. La Escuela Superior de Aviación Militar de Krasnodar está asediada por periodistas. En el barrio, según los vecinos, se habían denunciado al menos dos desapariciones.
Desapariciones en el barrio
La Policía ha difundido estos días un vídeo que muestra el piso donde vivía la pareja de caníbales. En el barrio nadie entiende cómo pudieron suceder tantas cosas tan cerca de una comisaría. En uno de los contenedores de basura cerca del hogar de la pareja se halló la cabeza de una mujer pelirroja. Era Elena Vashrushev, de 35 años, camarera y vecina del barrio. Fue asesinada en un bosque cercano y sus restos desmembrados fueron llevados a su casa por Baksheyev en un paquete.
La infancia de Dimitri
Ahora todos intentan entender cómo acabó el malhumorado barrendero convertido en un asesino en serie. De Dimitri se sabe que creció huérfano en Siberia (los padres biológicos del caníbal eran drogadictos y lo abandonaron en un orfanato). Luego fue adoptado por un matrimonio mayor. Durante su infancia y adolescencia fue arrestado varias veces por robo. Después su madre adoptiva, Svetlana, falleció de cáncer. Su padre lo echó de casa pese a que era menor de edad. Vivir con él, al parecer, era imposible. De niño prendió fuego a su habitación, ha contado su padre al diario ruso Moskovsky Komsomolets. Cuando creció pedía préstamos y daba el nombre de su progenitor como avalista: «Tuve que apagar el teléfono porque los bancos me llamaban. Había tratado de ayudarlo, encontré trabajos para él varias veces, pero ¿qué podía hacer? Es inútil hablar con él. Sus ojos son de cristal. Te mira y no escucha».
El nacimiento de la pareja
Un día Dimitri conoció a Natalia, una chica cinco años mayor que él. Había sido una buena estudiante, graduada con honores en una escuela médica. Se casó y vivió una vida sin sobresaltos con su primer marido. Pero tras encontrar a Dimitri se divorció. Sus próximos dicen que su vida empezó a zozobrar. Como él todavía era menor y no tenía dónde vivir, Natalia cuidó de él y ambos se casaron cuando él cumplió la mayoría de edad.
En la escuela recuerdan que ella ejercía una mala influencia sobre él. «La vi tres veces y muchas veces estaba borracha, agresiva y gritando. Se peleaban entre ellos... Cada vez que intentábamos entrar a su habitación se ponían como locos y chillaban», señalan dos personas que vivieron cerca de la pareja.
El comienzo de los banquetes
En algún momento uno de los dos tuvo que proponer al otro empezar a cometer estos actos. Sí se sabe, a tenor de la fecha de una de las fotos que guardaban, que su primer banquete humano fue en 1999, cuando él tenía 17. Asesinaron y se comieron a la que la Policía cree que fue su primera víctima.
De acuerdo con las pruebas psiquiátricas a las que fue sometida tras ser arrestada, Natalia «es mentalmente saludable, consciente y totalmente responsable de sus acciones». En la calle Gastello, que lleva a la casa de los caníbales, la noche no puede ser más oscura. Apenas hay farolas y algunos números de las casas están pintados con brocha en la pared. Detrás de la tapia está el agujero negro que se ha tragado 30 vidas: hombres y mujeres de distintas edades. Y no estaban en peligro sólo los que pasearan por el barrio. La pareja conoció a su última víctima, una mujer, a principios de septiembre a través de una aplicación de citas. Él la mató y la cortó en trozos. Después se sacó fotos con partes del cadáver, un detalle macabro pero que ha hecho posible que el banquete humano de la calle Gastello acabe de una vez.

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