Sociedad Tener un protocolo sencillo y flexible

La importancia de adquirir buenos hábitos alimentarios desde chicos

Comer bien implica seleccionar una variedad de alimentos, no cantidad. Hay hogares de escasos recursos, donde se comen comidas básicas bien hechas, y es mejor que aquellos donde reina la abundancia, pero se abusa de dulces, harinas, grasas.
La doctora Mabel Bello, asesora médica de Aluba (Asociación de Lucha contra la Bulimia y Anorexia) escribió una columna sobre alimentación saludable y la importancia de adquirir buenos hábitos a la hora de comer desde chicos.

Hay dos aspectos fundamentales respecto de lo que se entiende por alimentación saludable. El primero tiene que ver con proporcionar una alimentación variada y adecuada para cada edad. Siempre rica en fibras, con amplia selección de frutas y vegetales, así como carnes magras y reducida en grasas. El segundo aspecto clave es el de la periodicidad, esto significa establecer horarios para las ingestas y para las comidas, inculcar desde temprana edad la conciencia de que no se puede comer cualquier cosa a cualquier hora.

Los buenos hábitos también implican un protocolo de alimentación, un protocolo sencillo y flexible pero que es necesario establecer en cada familia. Empezando por pautar las horas de la comida, crear un ambiente agradable, que contempla desde una conversación distendida hasta la tv y los celulares apagados.

Los buenos hábitos de alimentación se ponen en práctica, no se predican

Como parte del protocolo, deben implementarse algunas acciones que contribuyan a evitar la asociación de la comida con actos impulsivos o emocionales o con la glotonería. Es decir, ayudar al niño a concentrarse en el acto de comer. Para ello es aconsejable servir porciones discretas; en platos individuales y nunca directamente de la fuente. Si alguien desea repetir un plato, es el adulto el que debe ir y servir la porción que considera adecuada, pero el recipiente con la comida no debe estar sobre la mesa. Acostumbrarlos a mantener un ritmo en el momento de comer, tragando y masticando espaciadamente, apoyando los cubiertos en la mesa entre bocado y bocado.
Son hábitos que se pueden inculcar desde temprana edad, que incluyen fomentar la interacción social y desterrar la glotonería, para convertir el acto de comer en una situación placentera, donde la comida no es lo único que importa, sino todo el ritual social que se establece alrededor de ella.

Sabemos que los niños pequeños aprenden fundamentalmente por imitación, de modo que hay que poner en práctica estos hábitos, no predicarlos. No se trata de dar discursos sobre el tema, sino de mostrar actos concretos. La información puede ser muy útil, pero lo importante es el acompañamiento, que los adultos hagan lo mismo que dicen y fundamentalmente, no dejar al niño comiendo solo para hacer otra cosa. En lo posible, tratar de comer todos, adultos y chicos, a la misma hora, en el mismo lugar y el mismo tipo de alimentos para todos.

No necesariamente los buenos hábitos de alimentación se relacionan con el nivel social o cultural. Lamentablemente, en la sociedad actual, los malos hábitos se extienden sin distinciones de clases sociales. Hay muchos hogares donde ya prácticamente no se hacen comidas elaboradas y se reemplaza el acto de cocinar por el delivery de restaurantes o casas de comidas. La llamada comida chatarra, también está extendida en todas las clases sociales. Comer bien implica, como dijimos, seleccionar una variedad de alimentos, no cantidad. A veces, hay hogares de escasos recursos, donde se comen comidas muy básicas, pero bien hechas, y eso es mejor que aquellos donde reina la abundancia, pero se abusa de dulces, harinas, grasas.

La escuela es un excelente canal para transmitir hábitos saludables, porque el mensaje llega directamente al niño y se multiplica en cada familia. Además, en la Argentina, sigue siendo una institución importante en cuanto a su proyección social y eso ayuda a instalar temas importantes en el núcleo familiar. Hay un ida y vuelta entre las familias y la institución que resulta muy útil para descubrir cuando hay problemas.

Otra contribución importantísima es que se trata del lugar donde los niños pasan muchas horas del día, y donde se establecen vínculos muy ricos con los adultos, por lo tanto, se convierte en el primer lugar de recepción de los temas que interesan, preocupan o afectan emocionalmente a los chicos. Podemos afirmar entonces que no sólo educa en los hábitos saludables, sino que puede detectar los problemas e intervenir derivando los casos de los que no puede ocuparse. Se transforma entonces en la primera fuente de información y orientación.

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