Brasil: El papa Francisco preside una multitudinaria misa en el santuario de Aparecida

11:44 Hs | El sumo pontífice encabeza la ceremonia en la segunda basílica más grande del mundo. Francisco encabeza una liturgia para 15.000 personas dentro de la basílica y para unas 200.000 en los exteriores del santuario.

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Bajo una incesante lluvia, el papa Francisco llegó hoy a San Pablo para oficiar su primera misa en América latina en el mayor santuario católico de Brasil, en Aparecida.
El avión que lo transportó desde Río de Janeiro llegó esta mañana al aeropuerto de San José de Campos, a unos 70 kilómetros de Aparecida, y desde allí se trasladó en helicóptero hasta el santuario mariano, donde una multitud le brindó un cálido recibimiento.
Las malas condiciones climáticas no fueron un impedimento para que Jorge Bergoglio saludara a los fieles, que esperaban ansiosos su llegada en las afueras del santuario, durante un breve recorrido a bordo del papamóvil.
Tras ingresar al templo, el Papa se inclinó ante la imagen de la Virgen de Aparecida y permaneció ante ella en silencio. Luego, pronunció unas palabras en portugués y puso la Jornada de la Juventud bajo el amparo d la patrona de Brasil.
Francisco encabeza una liturgia para 15.000 personas dentro de la basílica y para unas 200.000 en los exteriores del santuario.
Durante la ceremonia, el arzobispo de Aparecida y presidente de la Conferencia Nacional de Obispos del Brasil, cardenal Raymundo Damasceno Assis, le obsequió al Papa una imagen réplica de la Virgen de Aparecida, patrona del Brasil. Aparecida ya fue visitada por el papa Juan Pablo II (1980) y Benedicto XVI (2007).

"(Los jóvenes) no sólo necesitan cosas. Necesitan sobre todo que se les propongan esos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo", destacó el obispo de Roma durante su prédica en el mayor santuario mariano del Brasil y el segundo templo más grande del mundo.
El Papa abogó por la necesidad de transmitir a los jóvenes "los valores que los hagan artífices de una nación y un mundo más justo, solidario y fraterno".
Tras poner ante los pies de la Virgen morena "la vida del pueblo latinoamericano", el papa argentino Jorge Bergoglio exhortó a vivir "tres sencillas actitudes: mantener la esperanza, dejarse sorprender por Dios y vivir con alegría".

El viaje
Francisco salió a las 7.45 de la residencia de Sumaré y se subió a un automóvil sencillo que lo transportó hasta una terminal aérea del Galeao, donde abordó un avión para viajar hasta San Pablo.
El vocero vaticano, Federico Lombardi, confirmó anoche que por cuestiones de meteorología el viaje se realizaría en avión y no en un helicóptero, como estaba previsto.
Francisco ya estuvo en el santuario de la patrona de Brasil para la V Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe (Celam) en 2007.
En ese entonces, aún arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Bergoglio había presidido la comisión que redactó el documento final, de fuerte contenido social y político, que enfatizó "la opción por los pobres" en esta región -donde viven más del 40 por ciento de los católicos del mundo-.

Reencantar a los jóvenes
Francisco apostará por reencantar a los jóvenes con el mensaje de una Iglesia capaz de renovarse en una época de crisis, sacudida por escándalos financieros y de pedofilia.
El Papa va "a Aparecida por su devoción mariana y para celebrar la primera misa con el pueblo brasileño, pero creo que al visitar a Nuestra Señora saluda a toda la región", comentó a la agencia AFP el sacerdote Roni Dos Reis, uno de los portavoces de este encuentro en el santuario.
"Y creo que para nosotros, latinoamericanos, aquí en Aparecida él también expondrá ese discurso social de compromiso con las periferias, de dar dignidad y no paternalismo a las personas", añadió.
La Iglesia católica enfrenta una sangría de fieles en Latinoamérica, mientras asiste al fuerte crecimiento de las iglesias evangélicas.
De 76 años, Francisco ya dio muestras de su estilo al viajar a Brasil: desechó un papamóvil blindado para recorrer Rio de Janeiro y saludó a la presidenta Dilma Rousseff con besos en la mejilla.
Unos 5.000 militares y policías están a cargo de la seguridad. El domingo fue hallada una pequeña bomba de fabricación casera en uno de los baños del santuario, que fue detonada, informó el ejército.

Caos de transporte y fallas de seguridad
El estilo llano del Papa puso en problemas a la organización a su llegada el lunes a Rio, cuando su vehículo quedó atrapado varias veces en el tránsito, en medio de una multitud enfervorizada, luego que el conductor errara el recorrido.
Algunos cambios en el programa de Francisco en Brasil fueron decididos el martes, tras una "importante reunión" sobre su logística y seguridad en Brasil, anunció su portavoz, el padre Federico Lombardi.
Este miércoles de noche, al retornar a Rio desde Aparecida, el Papa usará un coche cubierto -y no el papamóvil, como estaba previsto inicialmente- para trasladarse a un hospital franciscano donde la Iglesia inaugurará un ala para adictos al crack.
Pese a su popularidad, el papa llegó a Brasil en medio de protestas por los altos costos de su visita y de la JMJ, estimados en 53 millones de dólares, que terminaron en violencia. Sin aludir a esas manifestaciones ni a las que sacudieron el país en junio, Francisco ya planteó las líneas del mensaje que difundirá en su primera visita a la región.
"No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo", dijo, pidiendo garantizar derechos básicos a los jóvenes del mundo como "seguridad y educación".
Más de un millón de personas protestaron en las calles del país en junio por mejores servicios públicos, contra la corrupción y los gastos del Estado en la organización de la Copa del Mundo.
Pero la juventud que espera al papa también quiere cambios que acerquen a la Iglesia a los nuevos tiempos.
Una reciente encuesta del Instituto Ibope señala que buena parte de los jóvenes católicos brasileños apoyaría cambios en las posiciones más conservadores de la Iglesia sobre la unión de homosexuales, el uso de la píldora del día después o la penalización del aborto.
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